14 de marzo
Del boceto al proyecto gráfico: ordenar ideas en el sketchbook
Cómo pasar de las notas visuales a una propuesta presentable
La mayoría de los cuadernos no se abandonan por falta de ideas, sino porque nadie enseña qué hacer con las que ya están dibujadas. Hay veinte páginas llenas de formas, anotaciones al margen y flechas que apuntan a ningún sitio, y ninguna pista sobre cuál de todo eso merece seguir viviendo. Ordenar es una fase del trabajo, no un trámite previo.
El flujo que usamos en el atelier tiene cuatro pasos y cabe en una tarde. Primero se selecciona: se marca con lápiz de color lo que tiene energía propia, aunque esté mal dibujado. Después se agrupa por familias de ideas, no por orden cronológico. Luego se elige una dirección y se anota por qué las demás quedan fuera. Y al final se limpia solo esa dirección, dejando el resto del cuaderno intacto como archivo.
Cuándo una idea merece desarrollo
Hay señales concretas. Si vuelves a la misma forma tres veces sin darte cuenta, si la explicación al margen crece más que el dibujo, o si al mirarla ya sabes cómo seguir, esa idea pide paso. Lo contrario también sirve: cuando una página solo funciona porque la recuerdas con cariño, conviene dejarla estar. Volver a empezar no es fracasar, es reconocer que el boceto ya cumplió su función.
El color como jerarquía dentro del cuaderno
No hace falta pasar a limpio para ordenar. Un amarillo ocre para lo que se queda, un azul tinta para lo que se descarta y un tercer tono para las dudas bastan para leer el cuaderno de un vistazo. Al final, la propuesta presentable sale de ahí: de una página donde el color ya dijo lo que el texto todavía no sabía explicar.