Cuaderno editorial sobre dibujo, ideas y proceso
Cada persona entra con un nivel distinto y un objetivo distinto. Por eso el recorrido no es una línea recta igual para todos: hay etapas que se repiten, otras que se alargan y algunas que se saltan si ya tienes tablas. Esto es lo que suele pasar, en orden, desde el primer trazo hasta la entrega de un proyecto gráfico terminado.
Antes de dibujar nada "en serio", se trabaja la línea suelta y el gesto. Ejercicios de trazo continuo, apoyos de codo y series cortas de formas básicas. El objetivo no es que quede bonito, sino que la mano deje de apretar el lápiz.
Se pasa a medir con el lápiz, comparar alturas y bloquear volúmenes antes de entrar en detalle. Aquí aparecen los primeros bocetos de objetos reales y las correcciones sobre proporción, que es donde más se nota el avance.
Un punto de fuga primero, dos después. Se dibujan interiores cotidianos, pasillos y rincones con muebles, eligiendo la línea de horizonte según la altura de los ojos. El cuaderno empieza a llenarse de espacios, no solo de objetos sueltos.
Se ordena lo dibujado: qué va delante, qué se calla, dónde entra el color. El sketchbook deja de ser una suma de ejercicios y empieza a leerse como una serie con intención. Es la etapa donde más gente cambia de idea sobre su propio estilo.
Se seleccionan los bocetos que aguantan, se agrupan por familias de ideas y se limpia una dirección hasta dejarla presentable. La entrega final es un proyecto gráfico completo, con sus descartes anotados al margen, que es donde está la mitad del aprendizaje.
Antes de empezar conviene aclarar algunas cosas que suelen generar dudas al leer el plan de trabajo. No son reglas rígidas, sino acuerdos que evitan malentendidos durante las semanas de taller.